La lluvia deja un Sábado Santo de duelo pero sin Duelo en Cuenca

30 de Marzo de 2024

Galería gráfica: Águeda Lucas // Crónica: Berta López

“Ante las inclemencias meteorológicas previstas para las próximas horas del Sábado Santo, reunida la V. H. de Ntra. Sra. de los Dolores y las Santas Marías con el presidente de la JdC, se acuerda, por responsabilidad y seguridad: SUSPENDER la procesión del Duelo.

En este Sábado Santo lluvioso y triste en el que aguardamos la Resurrección, desde la institución y la Hermandad quieren recordar a los hermanos del Duelo que, pese a que este año no podremos acompañar a la Madre por nuestras calles, sí podemos participar como hermanos de la celebración de la Vigila Pascual a las 22:30 horas en la Catedral. En estos momentos, hagamos hermandad. Con la esperanza en el Señor, soñaremos con un 2025 de radiante sol.”.

A las 16:40 horas de la tarde de este Sábado Santo se certificaba la cuarta suspensión en siete años de la procesión del Duelo, en la que toma parte la V. H. de Ntra. Sra. de los Dolores y las Santas Marías. Los historiadores de la Semana Santa de Cuenca podrán dar testimonio de si hay alguna otra hermandad que, en su primera década de vida, acumule más suspensiones que salidas procesionales. Las Marías, como se conoce cariñosamente a esta Hermandad en Cuenca, se vieron afectadas por la lluvia en su segundo desfile procesional (2019), al que encadenaron dos años de pandemia. Los rostros de los hermanos en San Esteban eran la viva imagen de la desolación.

Pero si algo tiene el nazareno de Cuenca además de amor por lo suyo, coraje y corazón, es saber sacar fuerzas de flaqueza y manifestar cuando más hace falta sus señas de identidad: unidad en lo adverso y sentido de hermandad. Así, los hermanos de blancas túnicas y negro capuz se reunían (sin capuz y sin túnica pero intacta la devoción) a las 18:30 horas en el templo del que deberían haber salido para compartir unos momentos de encuentro y veneración. Con ellos su consiliario y párroco de San Román, Ildefonso Martínez.

En el breve y emotivo acto, el consiliario recordó que en muchos pueblos se conmemora la Semana Santa sin procesiones y aún así no se pierde el sentido de la celebración: “Jesús sigue muriendo con nosotros y hoy recordamos este día del descanso de Cristo, ese reposo y dormir esperando la Resurrección, esa soledad en la que una Madre queda cuando pierde a su Hijo. Todos conocemos a familias con situaciones parecidas y que saben lo que es el dolor. También nosotros, que no podemos procesionar, nos unimos al dolor de María en este Sábado Santo” expresó. Acto seguido, los hermanos escucharon el Evangelio según San Juan en el que Jesús se desprende de su Madre para cederla a Juan y en él, a toda la Humanidad. Y finalizó el acto con el rezo del padrenuestro y el avemaría.

Después se dirigió a los hermanos el representante, Pablo Muñoz, quien recordó una tarde muy parecida, la del Sábado Santo de 2019, en la que el Duelo también se hubo de llevar por dentro a causa de la lluvia. “Hace cinco años estábamos dando la misma noticia, era nuestro segundo año. Después hemos salido solo dos veces. La realidad es que somos una Hermandad que, pese a todo, ha crecido muchísimo: somos casi 700 hermanos y está (la Hermandad) muy asentada”.

Este Sábado Santo, la Hermandad hubiera depositado una ofrenda floral a las puertas de San Andrés, convertida simbólicamente en sepulcro al aguardar en el interior el Resucitado para su salida procesional del Domingo de Resurrección. Al no poder celebrarse la procesión, una representación de la Junta directiva de la V. H. de Ntro. Señor Jesucristo Resucitado y María Stma. del Amparo acompañó a los hermanos de las Santas Marías para recibir el ramo y hacerles entrega de un cirio pascual que el obispo de la Diócesis, monseñor José María Yanguas, encendió durante la celebración en la Catedral. “El ramo de flores irá en las andas del Resucitado si podemos procesionar. Si no, adornará nuestra capilla en El Salvador durante la Pascua” agradeció el secretario del Resucitado, Javier Caruda.

El acto íntimo para los hermanos concluyó con la participación de la Asociación Musical ‘Alfonso Octavas’, que interpretó dos marchas para los presentes y una más cuando, al finalizar el acto de hermandad, se abrieron las puertas de San Esteban y los banceros, guiados por su capataz, María Rodríguez Castellanos, primera capataz de la Semana Santa de Cuenca, acercaron a las Marías hasta la entrada para que quien quisiera pudiera contemplarlas. Una pequeña nube de paraguas fue creciendo poco a poco ante ellas, en uno de los momentos más emotivos de la tarde.

Se repitieron durante toda la tarde en San Esteban las escenas que los nazarenos han venido protagonizando desde el Lunes Santo, esas que nunca queremos vivir y que, cuando lo hacemos, se nos graban a fuego en la memoria. Porque es en los momentos duros que compartimos cuando se forja el verdadero carácter de un nazareno de Cuenca. Para el recuerdo quedarán las lágrimas de María ante sus Marías y ese anhelo por dirigir a sus banceros por las calles de Cuenca y no en el interior de la iglesia; la aceptación de la pequeña Rita, quien camino de San Esteban le confesaba a su padre que le hubiera hecho ilusión salir con las Marías este año; el desconsuelo de Anabel al abrir las puertas y ver a las tallas asomarse sabiendo que no iban a salir.

Ya por la noche, en la Catedral, numerosos hermanos encabezados por la directiva y acompañados por el presidente de la Junta de Cofradías respondieron al llamamiento para participar en la Vigilia Pascual en la que debería haber terminado la procesión. No pudo el Coro de la Capilla de Música de la Catedral recibir a la Hermandad en las escaleras de la Basílica, como estaba previsto, pero sí cantó en el interior.

“En esta noche santa todo es nuevo. Nuevo el fuego que nos alumbra y calienta, y que, como hemos pedido, debe encender en nosotros deseos santos de llegar a las fiestas de la eterna luz. Nuevo el tiempo, tiempo de salvación, del que Cristo es Señor, como reza la liturgia en el rito del fuego. Nueva el agua, por la que son regenerados los hijos de Dios; nueva porque hemos sido salvados por ella, no salvados de ella, como lo fueron los israelitas en su paso por el Mar Rojo; nueva porque limpia y purifica del pecado y nos devuelve a la condición primera” recalcó monseñor José María Yangua en su homilía.

Que esa novedad traiga a nuestros corazones la alegría que necesitamos para continuar llevando el mensaje del Señor allí donde necesite ser escuchado, a través de una herramienta devocional tan hermosa como nuestra Semana Santa.

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