Cuenca demuestra en el Corpus una fe comprometida y sobre la que se puede construir, como pide el Papa León XIV

07 de Junio de 2026

Fotografías: Ayuntamiento de Cuenca || Crónica: Berta López

Este domingo 7 de junio, Solemnidad del Corpus Christi, Cuenca ha vivido una de sus procesiones más hermosas y participativas, tal vez espoleada por el impulso a la fe y a la religiosidad en todas su formas que está propiciando la visita del Papa León XIV. No en vano muchos nazarenos han participado este fin de semana en los actos con Su Santidad en Madrid y, ya en la tarde del domino, en la Santa Misa y posterior Procesión del Corpus en Cuenca.

Con una de las participaciones más altas de los últimos años, tanto en la Santa Misa como en la propia procesión, tanto en el cortejo como en las aceras (en este caso, especialmente a partir de la calle del Peso, desde donde se concentró el mayor número de altares), Cuenca ha demostrado en este Corpus Christi que la suya es una fe comprometida y sobre la que se puede construir el futuro, no un museo del pasado pensado para visitarse y no para vivirse. Ha demostrado, en suma, que es ejemplo de eso que el Papa León XIV pedía a la comunidad católica española en su homilía de la Misa por el Corpus Christi en Madrid y en la vigilia de oración con los jóvenes: compromiso, ser escuela de futuro y no tener miedo a mostrar públicamente nuestra fe.

Los actos por el Corpus comenzaron con la Santa Misa, presidida por el déan presidente del Cabildo catedralicio, Gonzalo Marín, en la que participaron el propio Cabildo, la Comisión Ejecutiva de la Junta de Cofradías, representantes de la Junta de Diputación, cabeceras y hermanos mayores de las hermandades y autoridades civiles y militares. Todos ellos acompañarían después al Santísimo por las calles de la ciudad. Un año más, la Guardia Civil y la Policía Nacional hicieron la escolta de honor a la Custodia duranto todo el recorrido.

El desfile salió puntual: poco antes de las 19:00 horas y con el Cuerpo de Cristo ya ubicado en la Custodia, con la liturgia y respeto pertinentes, la Puerta de la Misericordia del templo estaba ya abierta y con la cabecera completa de la Hermandad de la Virgen de la Luz formada en el quicio. La cabecera de la Catedral, bajo arcos, abría cortejo precedida por la Banda de Trompetas y Tambores de la Junta de Cofradías, cuyo redoble rompía pasado un minuto de las siete de la tarde. En la cuesta de San Pedro, la AM. Virgen de la Luz – Banda de Música de Cuenca, presta para comenzar con el Himno Nacional a la salida de la Custodia. Se produjo esta hacia las 19:15 horas, ante un sol de justicia y una Plaza Mayor con poco público, hecho que se reprodujo en toda la primera parte del recorrido, de la Plaza al Peso.

El altar de la M. I. V. H. del Bautismo de Ntro. Señor Jesucristo, bajo arcos del Ayuntamiento, fue el primero en recibir a la Custodia, como viene siendo habitual prácticamente desde que la Junta de Cofradías se hizo cargo de la organización del cortejo. Tras un paso fluido y muy bonito por la primera parte del recorrido, el desfile dobló el Peso hacia las 19:40 horas. La Custodia pasó por el Museo de Semana Santa cerca de las 20:00 horas.

La segunda parte, con la Custodia ya arropada por el público, transcurrió igualmente a buen paso y dejando momentos de gran belleza, especialmente en la llegada a los altares. En la puerta de la sede de la Junta de Cofradías en el El Peso levantó la V. H. de Ntro. Señor Jesucristo Resucitado y María Stma. del Amparo el suyo. La V. H. de la Santa Cena preparó una balconada ornamentada a la manera antigua en la sede de Solera de la institución nazarena.

La V. H. y C. de N. de San Juan Apóstol Evangelista ubicó su altar a las puertas de El Salvador, iglesia en la que tiene su sede canónica. La V. H. del Stmo. Cristo de la Luz (vulgo de los Espejos) montó un año más su altar en la puerta de su sede, ubicada en la Cuesta de San Vicente, y en el que no faltaron las espigas solidarias. En la puerta de la iglesia conventual de las RR. MM. Concepcionistas Franciscanas de la Puerta de Valencia ubicó la V. H. de María Stma. de la Esperanza su altar, este año si cabe más especial al estar la Hermandad celebrando el 75º Aniversario.

Y, finalmente, la R. I. V. Cofradía de Ntra. Sra. de las Angustias volvió a recibir a la Custodia en el altar montado a las puertas de su sede, en la calle Las Torres; en esta ocasión, la protagonista del altar fue la Virgen Hospitalaria de la Hospitalidad Diocesana de Ntra. Sra. de Lourdes, un detalle de la Cofradía con la Hospitalidad, por la celebración de su 50ª aniversario fundacional y el Jubileo Hospitalario concedido por el Papa León XIV. Dos de las devociones a María más fuertes en la Diócesis, unidas en Cuenca por el Corpus Christi.

La Custodia alcanzó San Esteban, templo de llegada del cortejo, pasadas las nueve y cuarto de la noche, entre el gentío y los acordes del Himno Nacional en la Banda de Música de Cuenca, dirigida en esta ocasión por Jesús Mercado. Atrás quedaba un emotivo desfile en el que las palabras de León XIV han estado más presentes que nunca en los corazones de los conquenses, muchos de ellos con dos misas y dos procesiones – la papal y la diocesana – a sus espaldas.

Lo que el ojo no ve

Día especial y de muchos detalles, esta Solemnidad del Corpus Christi. Como que el viento a la salida desde la Catedral trajera el recuerdo del pasado Domingo de Ramos (afortunadamente, no fue a más), o que que la Banda de Trompetas y Tambores de la JdC desfiló con cabecera triple: su banderín habitual, el banderín del XX Aniversario y el Guión de la Junta de Cofradías.

Además de las cabeceras de todas las hermandades de nuestra Pasión, acompañaron a la Custodia las de la Hermandad de la Virgen de la Luz, la Archicofradía de San Julián, la Hermandad de Ntra. Sra. del Rosario de Fátima, la Hermandad de San Isidro y Cáritas Diocesana. También desfiló una representación de las Damas de la Congregación de Nuestra Señora de la Soledad y de la Cruz; representantes del clero de la Diócesis; integrantes de los diferentes movimientos religiosos de la ciudad, como la Adoración Nocturna; acólitos con báculo y mitra; y niños y niñas vestidos de Primera Comunión, quienes recibieron con pétalos de flores a la Custodia en varios puntos del recorrido, como al paso por el Museo de Semana Santa. El Santísimo, por cierto, desfiló cuajado de pétalos tras el recibimiento de la V. H. de la Santa Cena desde los balcones del edificio de Solera.

En Andrés de Cabrera, uno de los niños portaestandartes de la Borriquilla necesitó de asistencia para colocarse bien el soporte y poder llevarlo cómodamente: se notaron ahí el oficio de su padre y el del secretario de la Hermandad, pues son ambos duchos en la labor de portainsignias y enseguida lo dejaron resuelto. Y de los niños portainsignias a los que alfombraron de pétalos los pasos de la Custodia, vestidos con sus galas de Primera Comunión. Por cierto que una de ellas prefirió portar el cetro de Hermana Mayor infantil de El Descendimiento a ir en la fila de los recién estrenados en esto de recibir el Cuerpo de Cristo, demostrando que en Cuenca el sentimiento nazareno tira (y mucho). Incluso en la procesión del Corpus.

Por lo que respecta a los banceros (uno por hermandad hasta un total de 20), este año han participado los pertenecientes a las hermandades que van desde la M. A. V. H. de Ntro. Padre Jesús Nazareno (del Puente) hasta la M. I. V. H. del Bautismo de Ntro. Señor Jesucristo, tomando parte además la Hermandad de la Virgen de la Luz y la Archicofradía de San Julián. Se estrenó como capataz Rodrigo Merchante, directivo del Medinaceli (a la Esclavitud ha estado ligado durante muchos años como representante ante la JdC) y capataz de banceros del Stmo. Cristo de la Luz. Se le vio muy seguro y feliz durante todo el recorrido, dirigiendo bien y con carácter la Custodia.

En el capítulo musical, acompañaron al cortejo la Banda de Trompetas y Tambores de la Junta de Cofradías, y la Asociación Musical Virgen de la Luz – Banda de Música de Cuenca, dirigida en esta ocasión por Jesús Mercado. La Banda nazarena arrancó con En la Cena del Señor y después ofreció un repertorio clásico para el Corpus, en el que no faltó El Sacramento de Nuestra Fe. La AM Virgen de la Luz preparó en esta ocasión un repertorio de gloria específico para el Corpus, con marchas como Triunfal, Espíritu Santo, Cordero de Dios, Virgen de los Reyes, El día del Señor, Corpus Christi, Altare Dei o La misión de la Esperanza. Sonaron, ambas, mucho y muy bien.

El Coro de la Capilla de Música de la Catedral, dirigido por José Antonio Fernández, cantó tanto en la Misa del Corpus en la Catedral como al paso de la Custodia por los diferentes altares, durante la procesión. Mención aparte para un repertorio elegido con un gusto exquisito, en el que destacó especialmente la interpretación del Ave Verum Corpus K. 618 de Mozart durante la Misa: absolutamente sobrecogedora. Ya en la calle, pudieron escucharse piezas clásicas para la Solemnidad, como Cantemos al Amor de los Amores, Pueblo de Reyes o Yo soy el Pan de Vida.

En cuanto a los altares, el del Bautismo estuvo compuesto por “piezas artísticas y devocionales de singular calidad artística como una bella talla de la Virgen con el Niño, del s. XVII, realizada en madera policromada y estofada, así como una original representación del Sagrado Corazón de Jesús, obra del imaginero conquense Luis Marco Pérez, en una sola pieza de madera de nogal y en su color”. Acompañaron a estas piezas “peanas, dorados estípites dieciochescos, capiteles, candeleros... que enmarcan, también, diversos objetos litúrgicos de gran simbología eucarística como el Sagrario abierto, tabernáculo de Dios Vivo; el cáliz, vaso sagrado para consagrar la Sangre de nuestro Señor; y la custodia de mano u ostensorio, trono para Sagrada Forma, que se dispone rematando el conjunto en su parte superior”. Completaron el montaje “ricos tejidos de diversos tipos y color, así como vistosos elementos vegetales, como guirnaldas y centros de flores de vistosos colores”, explican desde la Hermandad.

El Resucitado preparó un espectacular altar, dedicado a Santa Beatriz de Silva, fundadora de la Orden de la Inmaculada Concepción, en el cincuentenario de su canonización. La talla de la santa, cedida por las Concepcionistas Franciscanas junto con dos ángeles adoradores, protagonizó un altar que homenajeaba a las monjillas de la Puerta de Valencia, como simbolizaban los colores blanco y azul que son propios de la iconografía de la Inmaculada Concepción. La Santa Cena ornamentó el suyo con varios espejos, cornucopias, cuadros y ángeles antiguos policromados, con tres piezas de tela brocada como elemento central y con un centro de flores blancas a modo de remate. Presidió el altar del Evangelista un busto en bronce de San Juan, a tamaño natural, acompañado por el Libro del Evangelio que se estrenó en Camino del Calvario este Viernes Santo, e incluyó como detalle de bienvenida al Papa León una bandera del Vaticano.

El altar del Cristo de la Luz estuvo presidido por una imagen de San Francisco de Asís, cuya vida estuvo dedicada por entero a los pobres, en el octavo centenario de su muerte. La imagen central “es una talla de este santo del convento de las Madres Concepcionistas Franciscanas a quienes agradecemos su colaboración”, explican desde la Hermandad en sus redes. Rematando la talla, el estandarte “denominado tradicionalmente en la hermandad 'campana', que es la pieza bordada de mayor antigüedad en nuestra agrupación, sobre un pequeño dosel de damasco con bambalina en sedes ocres de principios de siglo XX. Se ha adornado con exornos florales blancos y lilas y los tradicionales motivos eucaristícos. Rematan el altar en la parte exterior las gualdrapas del paso de La Lanzada (con bordados del s. XVIII) y un medallón con el escudo de la hermandad proveniente de las antiguas andas de La Lanzada”.

El altar de María Stma. de la Esperanza incluyó como pieza central un cuadro con el Cuerpo de Cristo. Y el de Ntra. Sra. de las Angustias, la ya mencionada imagen de Ntra. Sra. de Lourdes Hospitalaria, imagen que levanta en la Diócesis gran devoción y que la está recorriendo de manera especial este año con motivo del 50ª Aniversario de la Hospitalidad.

Se echó de menos al obispo de la Diócesis, monseñor José María Yanguas, quien se encuentra en estos días en Madrid, acompañando al Santo Padre en su viaje pontifical: fue uno de los obispos concelebrantes en la Misa del Corpus con el Papa León en Cibeles. También se echó en falta a Francisco Javier Poyatos, director de la Banda de Trompetas y Tambores de la JdC, aunque sustituido con mucho oficio por uno de los solistas de trompeta. Y entre los detalles más singulares, el de la capa pluvial con la que desfiló el déan presidente del Cabildo: una pieza que forma parte de la rica colección de tejidos de la Catedral, bordada en sedas de 1674 y que incluye en el capillo un rico bordado con la imagen de San Miguel.

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