Reportaje gráfico: Pablo Procopio || Crónica: Berta López
En el inicio de la película El mago de Oz, un huracán barre Kansas y, con él, se lleva la casa de Dorita (Judy Garland), la protagonista, hasta hacerla aterrizar sobre la Bruja del Oeste. Como si fuera la mismísima Kansas que Víctor Fleming concibió en 1939 para el celuloide, en este Domingo de Ramos tan esperado era Cuenca barrida por el viento, sin clemencia y sin descanso, un viento que parecía tener en su interior el mismo retorcido ánimo que los soldados que maltrataron a Jesús Camino del Calvario; el mismo que el viento de El Mago de Oz.
Y sin embargo, en el cine como en la Semana Santa, al final ganan los buenos: no ha habido todavía en Cuenca viento que pueda con la férrea voluntad de los nazarenos. Hoy, al menos, no ha podido. Y eso que lo ha intentado. A fe que lo ha intentado por todos los medios. Soplaba a tramos tan fuerte (no en vano estaba la ciudad en alerta amarilla), y racheado (que es quizá lo más peligroso para una procesión), que por momentos ha convertido el desfile en un auténtico reto para todos, pero muy especialmente para los portainsignias de la V. H. de Jesús entrando en Jerusalén y Ntra. Sra. de la Esperanza y para los dos banderines de la Banda de Trompetas y Tambores de la Junta de Cofradías, así como para los niños que portaban ciriales y Cruz de Guía en la apertura del cortejo. Su forma de mantener la dignidad y la compostura en todo momento han sido, sin duda, un ejemplo para todos los nazarenos. Qué manera de dar testimonio.
La mañana arrancaba fría, con un grado sobre cero a las 9, la plazuela ante San Andrés llenándose poco a poco y copos de nieve sueltos cayendo de vez en cuando, como confirmando que sí: hacía mucho frío. A eso había que sumar un Domingo de Ramos de cambio horario, aunque no hubiera tal cambio en el corazón del nazareno, con la hora fija siempre en Cristo. Hacia las ocho y cuarto de la mañana ya desfilaban hacia la parte alta los primeros nazarenos vestidos de Hosanna por Cuatro Caminos y Aguirre. Diez minutos más tarde, el primer músico de la Banda de la JdC enfilaba Alonso de Ojeda hacia el Peso. En la Bodeguita Capuz se congregaba la Junta de Diputación, junto con el alcalde, Darío Dolz, en el ya tradicional primer café nazareno y juntos de la semana. Amanecía Cuenca en silencio, casi vacía, casi diáfana. Como si no supiera lo que va a pasar, pero sabiéndolo. Como si no quisiera lo que va a pasar, pero deseándolo. Preparada para recibir al Señor.
Y así, pasados un par de minutos de las 9:30, habiendo rezado ya en el interior del templo los hermanos de la Borriquilla dirigidos por el consiliario suyo y, este año, también Cartelista nuestro, Pedro José Ruiz, el presidente de la Junta de Cofradías, Jorge Sánchez Albendea; el ejecutivo de la procesión en la que sería su última en el cargo, Diego Escudero; y los Hermanos Mayores de este año, Juan Manuel Martínez Melero y Manuel Martínez Gascueña, se llegaban hasta el portón para los consabidos tres golpes – igual en el pecho que en la puerta – y abría éste con la ilusión de estreno en este Domingo de Ramos. En un abrazo, se fundían Jorge y Carlos Redondo, secretario de la Borriquilla. Y ante la plaza casi en completo silencio, salía la cabecera de la Hermandad.
El primer momento de intensa emoción se vivía precisamente tras la salida, con los dos pasos ya en la plazuela, pues interpretaba entonces la AM ‘Virgen de la Luz’ – Banda de Música de Cuenca la marcha Siempre la Esperanza para que bailaran con el paso cruzado que suelen llevar por Carretería y al unísono banceros, corazones y horquillas, en homenaje y despedida a Diego Escudero, por tantos años de trabajo, dedicación y amor en la Presidencia Ejecutiva. Cuatro minutos y medio y la emoción de toda una vida. Ha sonado especialmente bien hoy la de Cuenca, bajo la batuta de Jesús Mercado y pese al frío y el viento. Sin duda, el estreno en San Andrés ha sido espléndido.
El cortejo bajó ágil por Solera y El Salvador – donde repicaban las campanas con brío renovado – para alcanzar la Puerta de Valencia hacia las 10 de la mañana, con Pescador de hombres en la Banda de la JdC. Su primera salida en esta Semana Santa traía, por cierto, otra de las sorpresas de la mañana: desfilaron al frente de la banda dos banderines, el conmemorativo del XX aniversario, que portaba además un antiguo integrante de la Banda vestido con el traje rojo de los comienzos, a modo de memoria y homenaje, y el banderín de siempre, en manos de Rebeca Delgado, quien este año se despide tras casi una década siendo la imagen de la Banda y sentando cátedra.
En la Puerta de Valencia, las RR. MM. Concepcionistas esperaban, un año más, a las Sagradas Imágenes para cantar al paso, con la humildad y buen hacer que las caracteriza. Con esa sonrisa que es capaz de iluminar incluso las mañanas más frías: la sonrisa de quien se sabe en el camino de Nuestro Señor. Este año, interpretaron Madre de la Esperanza de Lucian Deiss y Shalom de Barber. El cortejo llegaba a José Cobo hacia las 10:40, con la Banda de la JdC al susurro y el viento meciendo los árboles al son de las horquillas (nuevas, por cierto, este año y con la parte metálica en un elegante acabado dorado envejecido para la Borriquilla y plata vieja para la Esperanza) y haciéndolos nevar de polen y semillas. Para entonces ya habían tenido los primeros contratiempos por el viento tanto los banderines como el propio Guion de la Hermandad, pues especialmente en el puente sobre el Huécar y en el cruce que une los dos tramos de Las Torres el viento racheaba con violencia.
El paso por Aguirre y Carretería (donde sonaron Corazón de San Juan o Caridad del Gualdaquivir por parte de la Banda de la JdC y El Evangelista o Mi Amargura en la de Cuenca), llenas de público, fue muy vistoso, pese a que el viento empezó a intensificarse y ya no amainaría en toda la subida, más bien al contrario. Tal vez por este motivo y por las bajas temperaturas ha sido muy escasa la participación de fieles desde San Esteban, con sus ramas de olivo. También algo más baja la participación de hermanos, sobre todo de los más pequeños (cosa natural), lo que no deslució el desfile en ningún momento ni impidió a algunas madres vivir por primera vez la procesión compartiendo túnica con bebés de pecho, como Gracia y su pequeña, que se incorporaban ‘hasta donde podamos’ en Carretería, en medio de una profunda emoción.
Hacia las 11:58, la Cruz de Guía rebasaba el Conservatorio y el cortejo, como suele hacer cada año, metía una marcha más para recuperar en la subida el tiempo necesario para el cumplimiento horario. A las 12:32, la cabecera de la Borriquilla encaraba Los Oblatos, por los que instantes antes había pasado la Banda de la JdC con El Sacramento de nuestra Fe. La subida fue este año muy complicada a causa del fuerte viento que acompañó desde la Trinidad hasta la Plaza Mayor y que llegó incluso a descubrir la cabeza de más de un integrante de la Banda de la Junta de Cofradías, haciendo volar las gorras de plato pese a los esfuerzos de los músicos por mantenerlas en su sitio. A tramos, era tan intenso el viento que ni siquiera podían tocar.
Mención especial para el trabajo que llevaron los portainsignias de la cabecera de la Hermandad en la curva del Escardillo y al paso por San Felipe. El viento era en esos punto de tal virulencia que desplegó por completo el Guion como si fuera una bandera y lo volvió incontrolable, pese a la asistencia de varios cetros de la Hermandad. Al final, a la altura de Los Oblatos, el portador del Guion tuvo que desistir de llevarlo a la manera habitual y, enrollando el terciopelo al varal, se lo apoyó en el hombro, para desfilar hasta la Plaza Mayor con la máxima dignidad teniendo en cuenta la meteorología. Cuando uno hace todo lo que puede, no está obligado a más.
La bendición de palmas, dirigida por nuestro obispo y Pregonero, monseñor José María Yanguas, acompañado en la escalinata de San Felipe por el Cabildo de la Catedral y su nuevo Déan, Gonzalo Marín, que estrenaba el cargo en Semana Santa, tuvo lugar alrededor de las 12:45 horas, tras la llegada de Borriquilla y Esperanza al son de El Evangelista en la de Cuenca, como es costumbre. Fue, en esta ocasión, algo más breve que de costumbre, tal vez por el viento que apenas permitía a los presentes hacerse con los ramos y las palmas (y que llegó a trozar alguna de las más altas). Lo que no faltó fue la multitud. Tras la bendición, en la que estuvo presente la Corporación Municipal, la Banda de Cuenca se ubicó entre ambos pasos para agilizar la subida y el cortejo enfiló por Alfonso VIII hacia su final, con la Plaza Mayor ya en aforo restringido. Este año, además, con más motivo, pues hubo que desalojar los arcos del Ayuntamiento (a causa de los faroles de hierro, zarandeados con violencia por el viento) y un espacio frente a los edificios de la derecha de la Plaza, así como la bajada por Severo Catalina, a modo de prevención: el viento removió algunas tejas en los tejados cercanos y también una puerta de la que se temía la posible rotura de un cristal que pudiera dañar a los presentes.
Aun así, la Plaza presentó un año más un aspecto inmejorable, con dos notas positivas: fue palpable el silencio con la entrada de la Borriquilla (algo menos con la de la Esperanza) y este año, afortunadamente, no hubo aplauso tras el Himno Nacional al entrar la Borriquilla en la Catedral. El cortejo alcanzó la Anteplaza a las 13:05. Hacia las 13:18 ya estaba el Señor bajo arcos recibiendo la consabida lluvia de hojas de olivo de manos del grupo de hermanas que la hace posible cada año. Cinco minutos más tarde, recibía tributo de pétalos de rosa la Virgen de la Esperanza, espléndidamente vestida con su saya nueva y el manto de los Evangelistas.
Con la Banda de la JdC haciendo pasillo y barrera con el público, la Borriquilla entraba en la Catedral hacia las 13:30 horas, entre los acordes del Himno Nacional interpretado por la Banda de Cuenca, y la Virgen de la Esperanza, hacia las 13:40 horas con la Marcha de Infantes en la Banda de la JdC. Tras los pasos, los hermanos, el Cabildo Catedralicio, el pleno de la Junta de Diputación y la Corporación Municipal escucharon la misa estacional, presidida por el obispo y acompañada musicalmente por el Coro de la Capilla de Música de la Catedral. Al finalizar el desfile, el sentir era generalizado entre los nazarenos: nadie recuerda un Hosanna con semejante viento; que los habrá habido, probablemente, pero la memoria, ya lo sabemos, prefiere olvidarse de lo malo y quedarse solo con lo bueno. No ha sido la de este Hosanna una procesión para disfrutar, pero sí para confirmar algunas cosas: que la voluntad de los hermanos de la Borriquilla es fuerte y nada puede con ella; que ama Cuenca por encima de todas las cosas al Señor más que nunca en su Semana Santa; y que no importa que el viento quiera barrer de una ráfaga la fe de un pueblo porque, si ese pueblo es el de Cuenca y es nazareno, esa fe es inasequible al desaliento. Y esto, (no tan) querido viento, no es Kansas. Esto es Cuenca… en Semana Santa.
Lo que el ojo (nazareno) no ve
Siempre es día de abrazos el Domingo de Ramos. Tal vez, los mejores de toda la Semana Santa. Los mejores de todo el año. Abrazos como los que las nuevas trompetas de la Banda de la JdC se daban en El Peso, instantes antes de empezar: este año ha desfilado la Banda dirigida por Francisco Javier Poyatos con más mujeres que nunca.
Es domingo de detalles, como la estampa de San Antonio guardando uno de los libretos de las monjillas de la Puerta de Valencia; como el rosario de cuentas granates que llevaba un hermano de la Borriquilla prendido del fajín (pese a que no forma parte de su uniformidad), quizá por una promesa, quizá con intención de rezarlo; o el nuevo repostero con el escudo de Ntro. Padre Jesús Nazareno del Salvador que saludaba a las Imágenes en la Cuesta de San Vicente con Alonso de Ojeda. O como las dos medallas que lucía al pecho el alcalde: la del Ayuntamiento y, también, la de la Borriquilla; o como el ramillete de flores con que cada año obsequian a las Concepcionistas por su cariño al cantar ante los pasos los hermanos de la Borriquilla. Como ese recuerdo a una hermana muy querida con Mi Amargura en Carretería. O como el agradecimiento generalizado de la Directiva de la Hermandad a todos los que han participado en el desfile, contra viento y marea, y a todos los que lo han hecho posible con su esfuerzo.
No ha faltado, en este Domingo de Ramos, el Hermano Mayor del San Juan Evangelista portando la palma que llevará el Viernes Santo el Discípulo Amado Camino del Calvario en la mano con la que no señala el camino del Señor; la lleva, como es tradición, para que se bendiga con el resto en Los Oblatos. Y no le ha faltado a monseñor la palma rizada que la V. H. y C. de N. de San Juan Apóstol Evangelista le obsequia cada año para su participación en el tramo final del desfile del Hosanna. Tampoco ha faltado la foto protocolaria de la Junta de Diputación con el alcalde en las escaleras de Capuz.
Es también, el de Ramos, domingo de estrenos. Como los de los nuevos representantes del Judas, Jesús del Puente, Jesús del Salvador o San Juan Evangelista, que participaban por primera vez en Semana Santa como integrantes de la Junta de Diputación. Como la saya del pelícano que llevaba la Virgen de la Esperanza, diseñada por Eduardo Ladrón de Guevara partiendo de una capa pluvial bordada, enriquecida con piezas nuevas y confeccionada en el Taller de Bordados Joaquín Salcedo. Está elaborada en tisú de plata rosa, y desarrolla una iconografía del siglo XVI que representa el amor del pelícano hacia sus crías, símbolo del sacrificio y la entrega. El paso de la Virgen estrenaba también las gualdrapas, diseñadas por Ladrón de Guevara. Y la Virgen ha llevado además 32 banceros, dos más que antes: dos hombros más para los pasos de la Madre.
Y, entre las palmas (y ramos), las flores: todo al rojo para la Borriquilla con un arreglo a base de clavel, paniculata y alstroemeria combinadas con palmito; y todo al blanco para la Madre, con un arreglo a base de alhelíes, alstroemeria, paniculata y clavel, combinado con palmas y ramas de olivo. Pese a que el viento hizo ademán de arrancar algunas de las flores en Carretería y la Trinidad, llegaron los jarrones intactos. Este año, por cierto, con una nueva disposición de las flores, más alta y estrecha, de forma cilíndrica, para realzar los propios jarrones.
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