21 de Marzo de 2016
Triste noche de Lunes Santo sin Vera Cruz en Cuenca.
La lluvia obligaba a suspender la salida de la procesión penitencial del Santísimo Cristo de la Vera Cruz pasadas las once de la noche y dando cumplimiento al protocolo establecido, al estar lloviendo en esos momentos sobre la ciudad. Difícil fue la toma de decisión para la Hermandad, que celebraba ayer además el XX Aniversario de desfile procesional y veía que le sucedía en 2016 lo mismo que en 1996 (año en que también llovía a la salida), pero con diferente desenlace. En la Catedral, templo de partida, se vivieron momentos complicados y de gran responsabilidad y, sobre todo, de mucha resignación y pena.
Cuando a las nueve de la noche empezaron a llegar los hermanos a la Basílica, para participar en la misa previa que cada año oficia monseñor Yanguas en un acto íntimo para la Hermandad, la lluvia caía implacable sobre Cuenca y se presagiaba una noche complicada. Al finalizar la misa, en la que los hermanos recibieron la felicitación del obispo y el deseo de una buena noche, comenzaron las miradas al cielo y las consultas a los servicios meteorológicos, a fin de disponer de la máxima información posible para tomar decisiones. A las 22:15 se decidía, por parte de la Hermandad y con buen criterio, activar el protocolo de lluvia y esperar hasta las 23 horas para decidir sobre la salida.
En el compás de espera, mientras unos miraban al cielo y otros rezaban, se depositó a los pies de la Vera Cruz una rosa roja como una gota de sangre, en homenaje a los difuntos de la Hermandad. Los monaguillos, que estrenaban roquetes confeccionados con unas sábanas del siglo XIX donadas por una hermana, se ajustaban el uniforme. La campana que anuncia al Señor en la procesión y que era nueva este año (donación también de una hermana, pues la Hermandad no poseía una propia), aguardaba pacientemente el desenlace. Solo sonaría una vez, durante los pocos metros que los banceros, algunos de ellos desconsolados, recorrieron para devolver al Señor a su sitio en la Catedral.
Pasadas las 23 horas y tras varias deliberaciones, con la lluvia sin dejar de caer (solo dio una tregua quince minutos antes de las diez de la noche), la V. H. penitencial del Santísimo Cristo de la Vera Cruz decidía suspender la procesión. En la Catedral, hasta la que ya habían llegado los integrantes del Coro Alonso Lobo y su director, Luis Carlos Ortiz, dispuestos a acompañar al Señor como cada Lunes Santo, el desánimo y la pena se encarnaron en los presentes.
El secretario de la Vera Cruz, Santiago, comunicaba la noticia desde el Altar Mayor de la Catedral visiblemente emocionado. Silencio, lágrimas en los ojos de banceros muy jóvenes que llevaban un año soñando con el momento de llevar sobre sus hombros al Señor, desconsuelo en los presentes, también en los predicadores de las Palabras, congregados todos en la Catedral, salvo las dos religiosas (la Madre Elena del Niño Jesús, del Convento de las Esclavas del Santísimo, y sor Marta Alicia Peraza, del Convento de las RR. MM. Concepcionistas de la Puerta de Valencia).
Según lo aprobado en 2015, las puertas de la Catedral no se abrieron, ni se leyeron las palabras (salvo la de monseñor Yanguas, en íntimo acto para los hermanos en el que recordó la misericordia de Dios y cómo su imagen en arbórea Vera Cruz es la que nos alienta a pedir perdón) en el interior del templo. Será en 2017 (si el tiempo lo permite), cuando tengan los predicadores de este año ocasión de pronunciar sus palabras, pues según informó la Hermandad se conserva la relación de 2016 al no haber salido el cortejo.
Con el canto de las obras que siguen a la Primera Palabra por parte del Coro Alonso Lobo, así como del miserere en latín y en arameo (versión esta última que estrenaban este año) finalizaba en la Catedral este triste Lunes Santo huérfano de Vera Cruz y de Palabras.
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