Galería: Águeda Lucas // Crónica: Berta López
Más contenido audiovisual en Facebook, YouTube, X e Instagram
“Hay tres jueves en el año que relucen más que el sol…”. No por manida deja la frase de ser válida. Y este Jueves Santo en Cuenca fue, además y afortunadamente para los nazarenos, cierta. Después de tres días de incertidumbre meteorológica, el jueves amaneció radiante en la capital y así permaneció durante todo el desarrollo de la Procesión de Paz y Caridad, una de las más multitudinarias y participativas – en las filas de nazarenos y en las aceras – del último cuarto de siglo, si no de su historia.
A las 16:30 en punto se abrían las puertas de la iglesia de la Virgen de la Luz, para que salieran la Cruz de Guía y la cabecera de la Archicofradía. Formada sobre el puente de San Antón, la Banda de Trompetas y Tambores recibía instantes después y con el Himno Nacional la salida del Cristillo de las Misericordias. Si las salidas del Cristillo y del Huerto de San Antón fueron rápidas y ágiles, lo fue un poco menos la de Ntro. Padre Jesús Amarrado a la Columna, a causa de un problema con los banzos. El breve corte entre Huerto y Amarrado se solventó rápidamente con el paso de la flagelación una vez en la calle. Al salir, sonó por primera vez Azotes de Pasión en la Agrupación Musical Iniestense, la marcha compuesta para el paso por su antiguo director, Alberto Nevado, quien regresó a Cuenca esta Cuaresma como director de la Unión Musical ‘Ciudad de Albacete’, en el Concierto inicial que inaugura la Junta de Cofradías.
En esta ocasión no acompañó a los del capuz colo caña ningún nazareno de la Fervorosa Hermandad y Cofradías de la Flagelación y Gloria de Elche, aunque sí desfiló como es costumbre el estandarte del hermanamiento. En las filas del Huerto, también portó un hermano de la Oración del Miércoles el estandarte que sella desde hace más de una década la unión de las dos hermandades de hortelanos. Y el banderín del hermanamiento con la cofradía homóloga de Alcalá de Guadaira acompañó a los hermanos de Ntro. Padre Jesús Nazareno del Puente.
Pasados unos minutos de las 17 horas pisaba a hombro de bancero la placeta ante la Virgen de la Luz el paso de Ntro. Padre Jesús con la Caña, con la flamígera clámide que diseñó y bordó para Él el modisto Eduardo Ladrón de Guevara, muy vinculado a nuestra Semana Santa, especialmente a través de la Esperanza del Domingo de Ramos. El Stmo. Cristo de Ecce Homo de San Gil haría lo propio unos minutos más tarde; en el frontal de las andas, un espectacular centro a base de rosa roja, flores en tonos amarillos y morados y ramas verdes, recordando a la uniformidad de la hermandad; a ambos lados los hermanos caracterizados de líctores romanos, haciendo la guardia.
Con la Verónica ya en la calle y con banda este año, según los turnos establecidos para las hermandades de este cortejo (acompañó los pasos del Caído, el Cireneo y la Verónica la Asociación Músico-Cultural Santa Cecilia, de Almonacid del Marquesado), se vivían en la cabecera del desfile dos de los momentos de homenaje y recuerdo más especiales del Jueves Santo: los homenajes de la Archicofradía, con sendos paralelos, a Marisa Aguilar y Pedro Antonio Ruiz Abarca.
Primero, el homenaje a Marisa, que tuvo lugar en Calderón de la Barca, muy cerca de donde tuvo su lugar de trabajo y su casa. Al llegar a la curva de la Trinidad con Calderón, se apartó la cabecera del Huerto; los banceros del Cristillo, esa escuela en prestar al Señor el hombro que es para los nuevos nazarenos, se pegaron a la derecha de la calzada, para que el paso del Huerto pudiera caminar con ellos en paralelo, dentro de las filas de la Archicofradía, ocupando el espacio de la izquierda. Y así, recorrieron Calderón. Recordando a la que fue camarera del Cristillo (hoy lo es ya honorífica), hermana del Huerto, una extraordinaria mujer y mejor nazarena. La Banda de la Junta de Cofradías acompañó el momento con La Muerte no es el final.
Con la cabecera de Ntro. Padre Jesús Nazareno del Puente saliendo de la Virgen de la Luz, volvía el Huerto a ocupar su lugar tras el Cristillo y llegaba el cortejo a Carretería, sonando en la Banda de la JdC la marcha En la Cena del Señor. En este punto tuvo lugar el homenaje a Pedro Antonio; en esta ocasión, fue el Cristillo el que entró dentro de las filas del Huerto (a la izquierda Cristo, a la derecha los hortelanos), para caminar en paralelo durante el primer tramo, hasta el cruce con Sánchez Vera, donde tuvo su hogar el desaparecido secretario del Huerto y miembro de la directiva de la Archicofradía. La Banda, redoblando, contribuyó a dotar de solemnidad el momento.
Aún quedaba otro homenaje en estos primeros compases del Jueves Santo: el que los banceros del Stmo. Cristo de Ecce Homo de San Gil rindieron a la familia de un hermano fallecido en 2023, que no pudo llevarse a cabo el año pasado a causa de la suspensión por la lluvia.
Hacia las 18 horas, bajo un sol de justicia y ante el gentío, con El Sacramento de nuestra Fe en la de la JdC, llegaba la cabecera a la Hispanidad con José Cobo. Al mismo tiempo, salía de San Antón el palio de Ntra. Sra. de la Soledad del Puente: sus hermanos vivieron un momento muy especial a la bajada, cuando el Coro del Conservatorio, bajo la batuta de Jesús Mercado, interpretó por primera vez para la Madre el himno compuesto por José Antonio Fernández, director del Coro de la Capilla de Música de la Catedral y deán del Templo, y la hermana Anaís García Burgos en la letra.
El cortejo entró en Aguirre a las 18:15 horas. Allí les esperaba, entre el público, un grupo de personas con discapacidad visual, quienes disfrutaron de la procesión a través de los ojos y la voz de Águeda Lucas, integrante del Gabinete de Comunicación de la Junta de Cofradías, quien describió el paso del cortejo para ellos en una iniciativa novedosa en Cuenca, fruto de la colaboración entre ONCE Cuenca y la institución nazarena, y que tuvo muy buena acogida.
El paso del cortejo por la parte baja y El Salvador fue muy bonito y a buen ritmo: la cabecera alcanzó la Puerta de Valencia pasadas las 18:30 horas y el Cristillo pisó el Peso hacia las 19:30 horas. También bastante compacto hasta llegar a la maniobra del Peso, donde habitualmente tienen lugar breves cortes, debido a lo complicado que se pone en ese punto el recorrido. En Andrés de Cabrera y Alfonso VIII, el desfile iba de nuevo muy junto y bien coordinado, con larguísimas filas de hermanos en todas las hermandades y las tulipas encendiéndose ya poco a poco.
A las 20 horas llegó la Cruz de Guía a la altura de Alfonso VIII con Zapaterías. La entrada de las Sagradas Imágenes a la Plaza Mayor (que empezó hacia las 20:15-20:20 horas) fue preciosa. Al Cristillo lo recibió la Banda de la JdC con la Saeta, como es habitual, en uno de los momentos más emocionantes de la tarde. También al Huerto, en este caso con Caridad del Guadalquivir, que bailó bajo arcos como sabe, con el comedimiento que requiere un Jueves Santo, con el amor de toda una Archicofradía concentrado en los hombros de esos banceros, recordando a Pedro Antonio, a Marisa y a tantos otros que desde el cielo y en procesión lo estaban mirando. Su capataz, por cierto, hermano de Pedro Antonio, llevó este año capa como corresponde a su cargo – pese a no ser su costumbre – en su particular homenaje a su hermano, que le recordaba siempre que debía ponérsela.
El Amarrao entró con El Evangelista y, tras él, ante una Plaza abarrotada, Ntro. Padre Jesús con la Caña y el Ecce Homo. Al no llevar este año banda ninguna de las dos, sus horquillas restallaron como nunca sobre los adoquines. Especialmente hermosa fue la estampa entre dos luces de Jesús con la Caña, con todas las velas de los grupos de tulipas de estilo isabelino encendidas, iluminando con su luz dorada la faz de Cristo en tan ignominioso trance. Bailando entró, comedida y serena y bien coordinada con la de Almonacid, la Verónica bajo arcos, muriendo poco a poco la luz del Jueves Santo.
Más tardó en entrar la Hermandad de Jesús del Puente: el desvanecimiento de uno de sus banceros provocó una espera y un corte grande, que vació durante bastante tiempo el pasillo central de la Plaza de nazarenos. Afortunadamente, quedó en un susto. El Auxilio y Nuestro Padre entraron a la Plaza habiendo ya anochecido, lo que dio fuerza al alumbrado ya encendido, y sonando Jesús del Puente en la de La Guardia.
La Madre, tras escuchar la Marcha de Infantes en las trompetas y tambores de la Banda de la JdC, inició su camino al Obispado, para resguardarse hasta iniciar la bajada; flanqueada, como siempre, por la Guardia Civil de la Comandancia de Cuenca, con la que está hermanada. Hasta allí llegaría con Caridad del Guadalquivir, a paso lento y elegante, pues ésa es la forma que tienen los banceros en Cuenca de consolar el dolor de una Madre. Y no hay, se lo aseguro, mejor manera. Llevó la Soledad del Puente un arreglo floral a base de rosas y alstroemelias en tonalidades blancas, paniculata y helecho entre los verdes, todo ello en dos jarrones y una cenefa tapizada perimetrando las andas hasta donde lo permite el manto.
La bajada inició pasadas las 22:30 horas y se desarrolló fluida y compacta, dejando momentos de gran belleza, como el paso por San Felipe con el canto del miserere y el mencionado estreno en procesión del Himno a Ntra. Sra. de la Soledad del Puente o la bajada por las curvas de la Audiencia. Si bien no dejó de haber gente en todo el recorrido hacia la Virgen de la Luz, se concentró el respetable especialmente en Los Oblatos, la Audiencia, la Avda. De la Virgen de la Luz y la llegada, donde el Huerto homenajearía a Pedro Antonio, Peri, por última vez, con La Muerte no es el Final en la Banda de la JdC.
Antes, Auxilio y Jesús del Puente hicieron su paralelo, ése en el que los banceros de uno y otro paso se ven por fin, ése que se saben ya de memoria, ése en el que ambas tallas cogen el mismo paso exacto y caminan, como flotando, como si lo hicieran por su Cuenca vuelta sendero del cielo, por la Avenida de la Virgen de la Luz. Sonó la marcha que Sergio Bascuñana dedicó al Señor, mientras la Soledad del Puente alcanzaba el de la Trinidad, hacia la 1 de la madrugada, acompañada desde el inicio por la Banda de Música de Cuenca.
Alrededor de media hora más tarde y con todos los pasos ya en el interior de la Virgen de la Luz, el Jueves Santo tocaba a su fin. Y en el final, que es siempre el principio, con los hermanos abrazándose por el trabajo bien hecho y con la emoción del rito cumplido, el tímido rumor de la primera turba anunciaba al que había de ser, de madrugada, de nuevo bancero de crucifixión. La ciudad que no duerme en Semana Santa aguardaba en compás de espera. Camino del Calvario acompañaría al Señor la próxima vez que lo viera.
Otros detalles
Ocuparon la presidencia institucional de la procesión el representante de la Congregación de Ntra. Sra. de la Soledad y de la Cruz, Samuel López y Estela Soliva, concejala de Servicios Sociales, Igualdad y Cooperación del Excmo. Ayuntamiento de Cuenca.
En cuanto a las novedades, se han sustituido los banzos de madera por otros de aluminio, a fin de aligerar el peso que portan los banceros. Las tallas de Jesús y el ángel del Huerto de San Antón desfilaron restauradas. La encargada de los trabajos ha sido la restauradora conquense Mar Brox. En el caso del ángel, se ha procedido al desmontaje de las alas para recomponer el cajeado y permitir el acople y montaje de los elementos con estabilidad.
Las dos tallas han sido objeto de trabajos de sellado de grietas y fisuras existentes en el soporte, limpieza de barnices oxidados y policromías originales, eliminación de repintes que cubrían la policromía original, limpieza de resinas y estucos mal integrados sobre el soporte original, estucado de lagunas, reintegración de policromía sobre las pérdidas originales, sustitución de oro falso por oro de calidad, según las técnicas tradicionales, y barnizado y protección final tras las intervenciones de restauración. Además, el Guión de la Hermandad desfiló con crespón negro, en recuerdo y homenaje de Pedro A. Ruiz Abraca (secretario) y de Marisa Aguilar Bascuñana (hubiera sido Hermana Mayor).
El Amarrado plateó los cetros de los Hermanos Mayores. El Ecce Homo de San Gil recuperó el cierre con tres hachones, a fin de mejorar la organización. Y la Soledad del Puente desfiló con los varales del palio de la Madre restaurados.
Siguenos en