Perdón a la antigua usanza

01 de Abril de 2026

Galería gráfica: Pablo Procopio || Crónica: Berta López

Había que remontarse hasta el 4 de abril de 2023 para encontrar una Procesión del Perdón completa. Dos años pueden no parecer mucho en el cómputo global del tiempo pero, para los nazarenos del Martes Santo, estos dos últimos años se han hecho largos como toda una vida. Por eso, conforme se iba confirmando que sí, este año sí nos luciría el sol y haría ‘buen tiempo’ (viento mediante, claro), iban creciendo las expectativas. Y eran altas. A fe que lo eran. Pero, como suele decirse, la realidad supera siempre a la ficción; y este año la participación real ha superado con creces hasta las más optimistas de las previsiones.

Ha sido el de 2026 un Martes Santo “a la antigua usanza”. La descripción, casi profética, la apuntaba el presidente ejecutivo, Mariano López (por cierto de despedida este año, pues deja el cargo tras 14 desempeñándolo), en la reunión de representantes previa a la salida, en La Esperancilla. ¿El motivo? Los daños que el viento había causado en el repetidor del que depende la señal de los intercomunicadores que llevan los representantes para coordinar la procesión (los famosos ‘pinganillos’), y que provocó que, en el momento de la salida, no funcionara ninguno. “Lo hacemos a la antigua usanza”, resolvió Mariano: “El primero va avisando al siguiente y, si pasa algo, nos llamamos”.

Y así, a la antigua usanza, a las 18:57 sonaban por primera vez en este Perdón a la manera de antaño los añafiles del San Juan Bautista, que este año estrenaban tres infantiles. A las 18:45 habían bajado al Medinaceli sus banceros a brazo, de modo que a las 19:00 en punto comenzó el Perdón, con la multitud abarrotando las iglesias de salida y toda la subida como hacía años (y eso que siempre hay mucha gente en la salida de El Perdón). Las filas, en todo el recorrido de subida, fueron largas y muy pobladas, hasta el punto de ralentizar el cortejo de tantos nazarenos como había. Más de 2.600 contaron en el Medinaceli, que agotó en la salida las 2.000 velas previstas para la subida y tuvo que repartir parte de las reservadas para reponer a la bajada. Subieron con María Magdalena más de 1.100 hermanos, entre 1.200 y 1.300 llevó San Juan Bautista y un número similar de túnicas blancas puso en la calle María Stma. de la Esperanza, con el Bautismo en los números de la Magdalena para un Perdón como no se recuerdan. Ni siquiera logró convocar a tantos nazarenos el primero tras la pandemia.

Fue un Martes Santo a la antigua usanza porque daba gloria ver las filas de niños tras los guiones, como antaño, especialmente del Cristo de la Luz (con María Magdalena) y de la Esperanza. En ambas hermandades aún aguantó alrededor de una docena de niños tras el Guion en la bajada, pese al frío y a que era ya noche cerrada. Lo fue también porque, por un error en la retirada del mobiliario de las terrazas de la curva corta de la Hispanidad con San Esteban, tuvo que hacer la Procesión la curva larga por José Cobo, como hace tantos años, y la maniobra le costó más de media hora al horario previsto. Este retraso, unido al que ya arrastraba a causa del inmenso número de hermanos, provocó que el San Juan Bautista entrara en El Salvador alrededor de una hora más tarde sobre las previsiones. Y fue un Perdón a la antigua usanza porque terminó casi a la hora en que lo hacía cuando salía a las ocho de la tarde: el Medinaceli escuchó el Himno Nacional hacia las 2:40 y la Esperanza entraba en San Andrés, también con el Himno, a las 2:55 aproximadamente. Pero, quién querría mirar el reloj cuando está siendo feliz.

Felices fueron los hermanos del Medinaceli, dando una vez más testimonio de la multitudinaria devoción que despierta en Cuenca: si sería alto el número de esclavos, que estando la cabecera ya en la calle San Pedro con la Plaza Mayor, los hachones de cierre estaban todavía a la altura de San Felipe Neri. Felices fueron sus banceros, llevando a Nuestro Señor como ellos saben hacerlo: con paso brevísimo durante todo el desfile, muy bien dirigidos por su capataz. Es difícil destacar un momento concreto cuando todo el desfile ha sido espléndido, pero el paso bajo arcos a la entrada y a la salida, la llegada a San Felipe Neri, la bajada por las curvas de la Audiencia (dándolas de una mientras sonaba Sed de Ti, marcha de estreno en Cuenca) o el paso por Calderón y Carretería, así como la curva del Peso, fueron especialmente memorables.

Felices fueron los banceros del San Juan Bautista, con un desfile muy ágil y bien medido que comenzaban ya bailando el paso en la Plaza de El Salvador. Avanzó el Bautista con su paso tan característico, el de anunciar a hombro a Nuestro Señor, para encarar arcos hacia las 20:38 mientras la Banda de la Junta de Cofradías formaba ya a la derecha para interpretarle El Precursor y que entrara a la Plaza Mayor. Y así, con el Bautista sobre horquilla bajo arcos, el capataz de banceros (por indicación del presidente ejecutivo y el secretario) cedió el cetro a esta cronista para que fuera ella quien golpeara el anda tres veces y se levantara San Juan para entrar en la Plaza anunciando al que a Cuenca y en primavera viene en nombre del Señor; y, en ese momento tan especial de reconocimiento a su trabajo, esta cronista también fue (muy) feliz.

Felicidad en el desfile de María Magdalena, que completó un paso espléndido por la ciudad (mención especial a la salida, la llegada a El Salvador y el paso bajo arcos), con esa manera de caminar tan suya, fruto del esfuerzo de los banceros y el buen hacer y mejor dirigir de su capataz. Tenía miedo su camarera, Aurora Garrote, de que el viento dañara la vestimenta o la soltara de alguna manera (pese a haber asegurado cada pieza concienzudamente con alfileres), pero no fue así y llegó a El Salvador tan perfecta como había salido y con todo en su sitio. Antes, escuchó en San Felipe el motete Maria Magdalene, que sonó especialmente bien este Martes Santo en las voces del Coro del Conservatorio, dirigido por Jesús Mercado, en un momento de gran recogimiento y silencio (el que faltó, precisamente, en una Plaza Mayor absolutamente colapsada de público), con la multitud congregada para escucharlo. Como curiosidad y para dar una idea de la cantidad de hermanos que llevó el cortejo también en la bajada: entre el miserere a San Juan Bautista y el Stabat Mater a María Stma. de la Esperanza transcurrió una hora prácticamente exacta en la que en ningún momento dejaron de pasar nazarenos.

Felices los hermanos del Bautismo, que por fin sacaban su paso a la calle (pues en los dos últimos años de dudas y suspensiones con la procesión ya en marcha, ellos no llegaron ni a salir de San Pedro) y regalaban a la ciudad un desfile también espléndido: largas filas, muchos niños y un desfilar elegante y compacto como si llevaran dos años enteros ensayándolo (aunque no haga en Cuenca falta tal cosa, ni mucho menos). El paso por San Felipe, con la marcha Bautizando a Jesús y la incorporación de las voces del Coro en el momento del motete, con los banceros meciendo en todo momento el paso fue, sencillamente, espectacular. Muy bonita fue también la (muy) esperada entrada en la Plaza Mayor, con la marcha que les dedicara Fernando Ugeda y que es himno de la Hermandad, y el paso bajo arcos con Virgen de los Estudiantes. Por cierto que, pese a la ausencia de ‘pinganillos’, tanto la organización del cortejo en la Plaza como el desfile en general fueron muy fluidos, con las hermandades muy compactas y sin cortes en todo momento, completando así también en lo organizativo una procesión de las que marcan una era. A ver si va a resultar que es la tecnología la que termina por descoordinar y que, para entenderse mejor, eran los intercomunicadores lo que había que apagar.

Cuando a las 21:00 horas avanzaba por la Plaza Mayor la cabecera de María Stma. de la Esperanza, majestuosa durante todo su desfile, lo hacía habiendo vivido ya la Hermandad momentos de gran felicidad. Como la salida ante la multitud en San Andrés, donde el Coro de la Capilla de Música de la Catedral volvió a cantar para arropar a la Madre, en un momento de amor tan añorado. O la subida por Andrés de Cabrera, tras una curva del Peso magistral por parte de banceros y capataz. Marchó la Esperanza absolutamente impresionante en todo su desfile, como si no pusieran los suyos hombro en Ella: así de bien la llevaban. Solo el viento, empeñado en apagarle la candelería, ensombreció un poco el desfile, especialmente para los esforzados veleros, Carmen y César, quienes vieron cómo el viento desbarataba todos sus esfuerzos sin que obtuvieran la recompensa de una iluminación completa. Pero iba tan bien este Martes Santo la Esperanza que lo iluminaba todo ella sola con su presencia. Reina del Martes Santo la llaman sus hermanos. Y no en vano.

Y es que a veces, la felicidad toma la forma de procesión de Semana Santa a la antigua usanza. Y se transmite. Pues felices han sido también en este Perdón de récord de participación y desfile en todo momento compacto quienes lo han contemplado en las aceras. Además de una procesión ligada de principio a fin y en todos los tramos, han escuchando una muy buena interpretación por parte de las bandas de música participantes (hoy las de Cuenca, Las Mesas, Mota del Cuervo y la de Trompetas y Tambores de la Junta de Cofradías), entre cuyo repertorio este Martes Santo no han faltado Caridad del Guadalquivir, Mi Amargura (especialmente emotiva en el final de la Esperanza), Camino del sepulcro (para el Señor al salir de la Plaza y en la llegada a la Puerta de Valencia), Crucifixus (para Bautismo y Magdalena por Aguirre), Por tu cara de pena (con la que llegó la Esperanza a San Felipe), Danos tu Paz (que sonó completa dos veces seguidas para el paso del Señor del Martes Santo por la Plaza), Tu silenciosa mirada, Amarguras, 100 años de oración (para la despedida entre Bautismo y Medinaceli en el Peso) Concha o San Juan para la consabida subida del Bautista bailando por Alonso de Ojeda.

Lo que el ojo (nazareno) no ve

La de este Martes Santo ha sido una procesión cuajada de detalles. Como el de los tres añafileros infantiles que se estrenaban para el Bautista, o el Guion más pequeño, pensado para acompañar las celebraciones de los hermanos. También acumulaba estrenos el Bautismo, que sacaba por primera vez en procesión las nuevas gualdrapas y los dos nuevos estandartes, piezas todas bordadas por Macarena Sanz, los nuevos incensarios y los medallones con los bustos de los Evangelistas en las andas. María Magdalena lució una cruz pectoral con broche en plata dorada con perlas y circonitas, donada por un grupo de hermanos; la cruz en Santa María Magdalena anuncia a los hombres y mujeres el sentido de la cruz de Jesús.

Y María Stma. de la Esperanza, muy favorecida con el tocado que deja a la vista sutilmente el cabello, estrenó un broche, que ya pudieron ver los hermanos en el besamanos cuaresmal , regalado por un grupo de hermanos con motivo del 75º Aniversario, hecho con un esmalte antiguo de San José y el Niño, plata sobredorada y pedrería en ámbar y morado, colores asociados a San José; el Avemaría es en blanco con circonita, por la pureza de María. En el pecherín, especialmente bonito, con un diseño nuevo y cuajado de broches, lució además otra pieza de oro en la que podía leerse ‘Esperanza’. Además, este año las andas desfilaron 200 kg más ligeras, merced a la última remodelación, y la Madre llevó dos banceros más. Fue escoltada por una nutrida delegación de hombres y mujeres integrantes del Cuerpo de Policía Nacional.

También ha sido una procesión de aniversarios (75 años cumplían Medinaceli y Esperanza) y de despedidas: este fue el último Martes Santo en el cargo para la actual directiva del San Juan Bautista: especialmente emotivos han sido los últimos pasos del Bautista encarando El Salvador, con Mariano López y Eduardo Nieto, presidente ejecutivo y secretario, coordinando la llegada juntos por última vez. El “¡Viva!”de los banceros al San Juan ya en borriquetas dentro del templo ha sonado este año si cabe un poco más fuerte.

Ha sido un Martes Santo de demostrar sacrificio y amor por la Semana Santa, como han hecho dos hermanas del Medinaceli y uno de la Esperanza, integrantes los tres del Coro del Conservatorio, que elegían acompañar a sus Sagradas Imágenes cantando, al menos durante un rato. Como ha hecho Gracia Picazo, representante de María Stma. de la Esperanza, priorizando la obligación ante la devoción y empuñando el cetro de representante en vez de desfilar por primera vez con su pequeña acompañando a la Virgen. No ha faltado, eso sí, la foto de rigor madre e hija en la Trinidad, porque en un Perdón extraordinario como el de este año, siempre puede ganarle la devoción a la obligación unos minutos si es por una buena causa. Un Martes Santo para comprobar que se cuenta la del Medinaceli entre las devociones de Jesús Mercado, pues se santiguaba ante el Señor el director del Coro antes de dirigirlo en su miserere, en un momento muy bonito e íntimo.

Un Martes Santo para celebrar y agradecer: así lo ha entendido la R. I. E. de Ntro. Padre Jesús Nazareno de Medinaceli, que ha entregado un corbatín conmemorativo a la Banda de la JdC por su vigésimo aniversario, en el momento de la despedida de los de Francisco Javier Poyatos al Señor; en ese momento, desfiló el Banderín de la Banda ante el Medinaceli, en un gesto emocionante. Como emocionante ha sido el homenaje que el Bautista ha rendido a las víctimas conquenses de la DANA de 2024 (aplazado el año pasado a causa de la suspensión por lluvia) y extensivo a las víctimas del accidente de Adamuz; para llevarlo a cabo, la Banda de la JdC se ha girado hacia el Nazareno a su paso por la Constitución y ha interpretado La Muerte no es el Final. El capítulo de homenajes se completó con el tributo del Bautista en la primera curva de Calderón de la Barca a un hermano fallecido: sus dos hijos desfilan con la Banda de la JdC, así que la Hermandad puso su Guion en este punto para que lo vieran los músicos a su paso y comprendieran el motivo.

Un Martes Santo en el que han rezado la salve los hermanos de María Smta. de la Esperanza en su final por primera vez. En el que ha desfilado el Guion del Bautismo recogido y atado al varal con un cordón dorado (como se llevaban los guiones antiguamente en señal de luto), como precaución por el viento, que soplaba recio en San Pedro y la Plaza Mayor hasta San Felipe. En el que no hubo petalada al bajar por San Pedro. En el que bajaron al suelo a la Magdalena antes de llegar a San Felipe para encenderle todas las tulipas e intentar, al menos, que llegara con luz a Los Oblatos; en el que la han mecido sus banceros con Crucifixus en la Meseña al paso por Diputación, en un momento tan inesperado como precioso. En el que ha mecido en el sitio el Bautista en la subida del Salvador, con su marcha en la Meseña. En el que han doblado filas todas las hermandades (el Medinaceli llegó a poner a los suyos de cuatro en cuatro). En el que ha vuelto monseñor a esperar a la Esperanza en su maravillosa llegada al Obispado con Mi Amargura en la Moteña, en ese momento que, como confesó en su Pregón, aunque se vaya de Cuenca, nunca podrá olvidar. Y en el que un dron ha sido testigo de todo lo que pasaba en la bajada entre Alfonso VIII y Puerta de San Juan.

Y en el capítulo floral, especialmente vistosos fueron este año los arreglos del Bautismo (a base de clavel, statice, alhelí, un poquito de cardo y un poquito de helecho, en un degradado tonal que tornaba del morado al rosa), el Medinaceli (elaborado con claveles, alstroemerias, lirios morados, rosas, solidago, limonium y verdes de corte, como el helecho hoja de cuero) y María Stma. de la Esperanza (en el que destacaron las orquídeas cymbidium, rosas en tonos blancos y crema suave, lisianthus blancos, fresias y alstroemerias de pequeño tamaño y follaje verde para hacer contraste).

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